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Retratos de amas de cría, un testimonio de gran valor etnográfico

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Retratos de amas de cría, un testimonio de gran valor etnográfico

Emilio Beauchy Cano inició una colección de retratos de amas de cría en su estudio de Rioja 22 (Sevilla), que desarrollaría entre 1895 y 1913, de incalculable valor etnográfico. Una práctica que luego continuaría su hijo Julio Beauchy García con una de las fotografías más emblemáticas de esta serie.

En España, el ama de cría se identificaba con el ama pasiega procedente del Valle del Pas, en Cantabria. Esta idea se extendió en la primera mitad del siglo XIX con Fernando VII, cuando las jóvenes pasiegas se convirtieron en las amas preferidas de la Familia Real, según se hace referencia en algunos documentos conservados en el Archivo del Palacio Real de Madrid.

Esta preferencia real hizo que la mayoría de las familias de la aristocracia y la alta burguesía siguieran esta tendencia y contrataran también a jóvenes que procedían del valle cántabro.

La práctica conllevaba también la extensión del uso del uniforme de estas amas, pues era una indumentaria tradicional del Pas que le otorgaba gran prestigio y al que se le fueron realizando ligeras variaciones con el paso del tiempo y el lugar donde se utilizaba.

Amas de cría por Beauchy Cano

Estos cinco retratos de amas de cría fueron realizados por Emilio Beauchy Cano en su estudio de Rioja 22, tal y como se puede ver en los pies y en el reverso de la segunda foto de la galería de fotos, sobre estas líneas. En ellas, aparecen posando las mujeres con los críos en brazos y, aunque hay algunas diferencias en su tocado y vestimenta, son numerosos los elementos en común: el tocado, las trenzas largas, los pendientes, batones…

El Museo del Traje del Centro de Investigación del Patrimonio Etnológico cuenta con tres de estas imágenes en su colección: la primera, tercera y cuarta foto de la galería (las restantes son de colecciones particulares).

Más detalles en el Portfolio.

Amas de cría: el pretigio de la burguesía y la aristocracia

Durante siglos, las amas de cría amamantaron a los Príncipes de Asturias y a los hijos de las grandes familias catalanas, vascas y andaluzas. Entre ellos, se cita a Federico García Lorca, la Duquesa de Alba, los Aznar Ibarra, la reina Isabel II, los reyes Alfonso XII, Alfonso XIII y Don Juan de Borbón, quien fue el último Borbón alimentado por una pasiega.

La importancia de estos retratos está vinculada a la figura misma del ama de cría, que describe muy bien el Museo de las Amas de Cría Pasiegas en Selaya (Valles Pasiegos de Cantabria). Según documenta esta institución, la pobreza que había en esa comarca a mediados del siglo XIX obligó a emigrar a una gran cantidad de mujeres jóvenes, que tenían por criterios de selección: tener entre 19 y 26 años, estar criando el segundo o tercer hijo, no haber criado hijos ajenos, estar vacunada y que, ni ella ni su marido ni familiares de ambos, hubieran padecido enfermedades de la piel. «Circunstancia preferente era que la ocupación del marido fuera la del campo, complexión robusta y buena conducta moral», afirma.

Ama de cría por Beauchy García

Esta fotografía de Ama de Cría con tocado, collar y vestido de pasiega y niño sentado fue realizada por Julio Beauchy García en su estudio de Rioja 22 (o San Fernando 15) a principios del siglo XX y pertenece a una colección particular.

Este retrato de Beauchy García es de un valor etnográfico incalculable. De hecho, la vestimenta de esta ama de cría se corresponde con uno de los principales trajes del Museo de las Amas de Cría Pasiegas.

Esta institución realiza una descripción del traje similar al de la ama de cría fotografiado por Beauchy García clasificado como el de una pasiega, pero enriquecido con un collar de monedas de plata, con pendientes de monedas o un collar y pendientes de coral, así como con un pañuelo anudado a la cabeza. Según detalla el museo, «el buen paño o el terciopelo de las primeras faldas de pasiegos fueron luego sustituidos por el tartán de origen inglés, escocés». Así, cuanto más lujoso era el traje del ama de cría, más rica era la familia para la que trabajaba.

 

 

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